Coronavirus: la apuesta oficial por la “vacuna argentina”

Salud 17 de agosto de 2020
Por primera vez en la pandemia el Gobierno pudo dar una buena noticia. Pero a la vacuna que se producirá en el país le queda superar la prueba más difícil.
mesa presi

Durante el anuncio del último viernes, en el que el término cuarentena cambió por aislamiento, el presidente Alberto Fernández agradeció tres veces al laboratorio AstraZeneca y a la Universidad de Oxford, autores intelectuales de la vacuna contra el coronavirus que está en fase 3 de investigación y que mAbxience producirá en Argentina para toda Hispanoamérica. La suma de gratitudes llegó a cinco tras las intervenciones de Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof.

 No era para menos: la vacuna es por ahora la única luz al final del túnel que podría empezar a devolverle a la gente la vida que la pandemia le quitó a partir del 3 de marzo. El laboratorio de Garín fabricará 250 millones de dosis. “Y si no, se tiran”, afirmó Hugo Sigman, dueño del Grupo Insud, que está al frente de la producción con el respaldo económico de la Fundación Slim, de México.

fases vacuna

Ese “y si no” que planteó Sigman es una posibilidad. Es la pregunta que todavía provoca incertidumbre. Qué chances hay de que el natural optimismo se transforme en frustración en caso de que la fase 3 de desarrollo de la vacuna no arroje el resultado previsto. Hay que esperar a que en esta etapa de prueba, con un universo mucho más amplio de voluntarios, sucedan dos cosas: que no se descubra alguna falla de seguridad o efectos adversos hasta ahora inadvertidos, y que se termine de confirmar que el poder de la vacuna es efectivo y duradero.

Hay dos elementos clave en el medicamento preventivo: la inoculación de anticuerpos contra el virus que proporcionen una reserva para hacer frente al Covid en lo inmediato, y la capacidad de “enseñarle“ a las células a generar su propio arsenal defensivo, para que la inmunidad sea sustentable en el largo plazo.

 Hasta el momento, en un universo reducido de voluntarios, el desarrollo de Oxford logró un alto poder inmunológico: 91 por ciento con una sola dosis. Ahora se debe comprobar, al ampliar el universo de testeo, si esa proporción sigue siendo constante o cambia. Una posibilidad es que hagan falta dos dosis de la vacuna. Pero eso todavía no está claro.

laboratorio

“La realidad es que por más que la vacuna logre una inmunidad del 50 por ciento -el mínimo exigido- será mejor que no tener nada”, dice a Clarín el infectólogo Eduardo López, miembro del comité que asesora al Presidente. Los resultados de las fases 1 y 2 anunciados en julio dan crédito al optimismo, pero las pruebas se realizaron con sólo 1.077 participantes de 18 a 55 años. Ahora viene el experimento más amplio y definitivo.

Según una investigación publicada en The Lancet titulada "La estimación del costo del desarrollo de una vacuna contra una enfermedad epidémica infecciosa", sólo el 6 por ciento de los proyectos de vacunas llega al mercado. Y en la fase 3 se juegan el todo por el todo: la estimación de la Organización Mundial de la Salud para el coronavirus es que el 17 por ciento logrará superar esta última instancia de prueba. El resto alimenta las chances de que la ilusión que provoca tanto la vacuna de Oxford como las otras que corren por llegar a la venta se diluya.

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