Las espeluznantes revelaciones sobre la masacre de una familia de la nobleza

Mundo 17 de agosto de 2020
Un conde prófugo y deudas millonarias. Xavier Dupont de Ligonnès, acusado de asesinar a su esposa y a sus hijos y enterrarlos en el jardín.
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“La heladera vacía, más allá de algunos frascos de dulces, una mopa todavía húmeda en la cocina, un juego de ajedrez sobre la mesa del living, las guitarras sobre un sofá. Uno podría creer que los Ligonnès se evaporaron: sus camas sin sábanas, todos los cuadros sin sus fotos y algunos roperos sin sus vestimentas en el interior”. Así describe la revista francesa Society, que por estos días lleva agotadas varias ediciones y superó los 300 mil ejemplares vendidos por su impactante investigación del caso, la escena que se encontró la policía francesa al entrar por quinta vez a la casa de una familia en la ciudad de Nantes que, según los vecinos y algunos allegados, misteriosamente “se esfumó” a comienzos de abril de 2011.


A todos en el barrio les llamaba la atención que de un día para el otro los postigos de los ventanales del chalet, ubicado en el número 55 del boulevard Robert-Schuman, estuvieran cerrados: la familia Ligonnès –el patriarca Xavier, descendiente de una familia de la nobleza con el título de conde, su esposa Agnès y sus cuatro hijos: Arthur (20), Thomas (18), Anne (16) y Benoît (13)– solía dejarlos abiertos, incluso cuando se iban de vacaciones. Por otra parte, era raro que ninguno de los chicos apareciera por los lugares que solía frecuentar, que no se supiera de Agnès en su trabajo, que no atendieran sus teléfonos, que no se escucharan los ladridos de sus dos labradores que solían jugar en el jardín, León y Jules.

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Por eso, alertados por amigos y parte del vecindario, la policía entró varias veces a ese lugar, que hasta entonces a todos les parecía el hogar de una familia alegre y unida. En medio de la incertidumbre, el 9 de abril una misteriosa carta anunciaba a familiares y amigos que Xavier había sido contratado por la Administración para el Control de Drogas (DEA) en los Estados Unidos y que, de un momento para otro, todos debieron viajar de incógnito y abruptamente, por lo que no iban a responder llamados ni mensajes de ningún tipo.
 
La intriga siguió en aumento: a algunos vecinos les parecía que había algo raro detrás de esa historia, temían por la vida de los Ligonnès y pidieron que las autoridades intervinieran nuevamente. Fue el 21 de abril, durante la quinta recorrida por la casa que, luego de analizar todos los ambientes, al traspasar la puerta trasera y llegar hasta el jardín un oficial vio algo que le llamó la atención: había tierra removida debajo de una pequeña construcción, una terraza baja.

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No tardó mucho en encontrar una especie de tapa de cemento, entre la tierra, y finalmente el hallazgo más atroz: los cadáveres de la mujer y los cuatro hijos de la pareja aparecieron envueltos en bolsas, cubiertos con símbolos religiosos, cruces, hasta una pequeña estatua de la virgen. Cerca de allí también aparecieron enterrados los perros.
A partir de ese momento Xavier Dupont de Ligonnès pasó a ser el hombre más buscado de Francia, acusado de la masacre. Todas las miradas estuvieron puestas sobre el conde que misteriosamente parecía haber desaparecido de la faz de la Tierra.

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Desde hace casi una década el caso impacta a la opinión pública francesa, que está detrás de cada nueva pista, de cada indicio, de cada testigo que asegura haber visto a Ligonnès en algún lugar del mundo.
En los últimos días, la publicación de la revista Society y el lanzamiento de un capítulo de Crímenes sin resolver dedicado a los Ligonnès en Netflix reavivó el interés por el asesinato. Y volvieron las preguntas: ¿cómo pudo un hombre solo matar a sangre fría a toda su familia en un barrio rodeado de gente? ¿Hubo premeditación? ¿Tuvo ayuda para llevar adelante su plan? ¿Qué pasó con el arma? ¿Por qué lo hizo?

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