Los secretos de ALF, la serie éxito que nadie quería estrenar y el triste destino de sus protagonistas

Espectáculos 18 de agosto de 2020
Una marioneta encarnando a un extraterrestre llegado de un planeta lejano se convirtió en éxito. Las tragedias que rodearon a las principales figuras.
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Todo empezó con el escape de Melmac, ese planeta lejano. Un colapso planetario provocado porque todos sus habitantes decidieron enchufar los secadores de pelo al mismo tiempo. Uno de ellos logró escapar antes de la explosión final. Un vagabundo interplanetario. La nave presentó desperfectos, lo que produjo el aterrizaje forzoso en el planeta Tierra. Más precisamente en el garage de la familia Tanner.

Ese comienzo, en su momento, fueron pocos los que lo vieron. Los primeros episodios de la serie no atrajeron demasiado al público. Un muñeco peludo en medio de una familia en la que ninguno de los personajes presentaba a priori ningún encanto particular. Pero de a poco, los chicos empezaron a descubrir a ALF y con ellos se sumaron los adultos. La serie semana a semana escalaba en la lista del rating hasta ubicarse entre los programas más vistos de la televisión norteamericana.

Si se utilizan de referencia obras preexistentes se podría decir que ALF era una rara mezcla de ET con Mork y Mindy y de los Muppets con Mi Marciano Favorito. Y hasta se lo podría agregar algo de Mister Ed (el caballo que hablaba). En la televisión hasta el momento los extraterrestres eran antropomórficos (Robin Williams como Mork, por ejemplo). ALF introdujo una nueva variante que la combinación de las otros elementos sumado a algo de incorrección logró crear una serie con un particular encanto.

Fueron nada más que cuatro temporadas. 102 capítulos (o 99 con tres episodios dobles). Una vez que se asentó se convirtió en un boom que se extendió a cada lugar en la que se emitió. A la Argentina llegó recién dos años después del estreno; algo que parece imposible en tiempos de estrenos globales o de la ansiedad que hace que los capítulos recién estrenados de una serie ya circulen subtitulados por la red la misma madrugada de su emisión.

La segunda y la tercera temporada fueron muy exitosa pero en la cuarta, el público pareció cansarse de la fórmula. El canal, la NBC, no le dio más oportunidades y la levantó de su programación. De esa fecha ya pasaron treinta años. Sin embargo el peludo alienígena sigue provocando carcajadas y su recuerdo genera emoción.

Paul Fusco se dedicaba a las marionetas. Había trabajado con Jim Henson, el maestro en ese terreno, el creador de los Muppets. Junto a Tom Patchett imaginó esta historia a uno de sus muñecos favoritos. Peludo y con una nariz prominente ALF fue la llave que abrió el camino de Fusco al prime time. El concepto del programa no entusiasmó a los directivos televisivos, aunque a fines de 1985 decidieron escucharlo. Las objeciones a la historia se derrumbaron apenas vieron a la marioneta en acción.

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El actor húngaro Michu Meszaros se convirtió en ALF. En un imoprtante circo era presentado como El Hombre más Pequeño del Mundo: medía 83 centímetros. Murió por problemas coronarios en el 2016. Tenía 76 años

La serie debutó el 22 de marzo de 1986. Previamente hubo que hacer una importante inversión. El decorado fue construido en altura y con múltiples puertas trampas en el piso para que por allí pudiera aparecer el protagonista principal. Fusco y Patchett no querían que el personaje lo hiciera un actor disfrazado. Esa era una opción que sólo reservaban para unas escasas escenas en las que se lo debía ver de cuerpo entero o desplazándose. Para eso tenían un traje, incómodo e increíblemente caluroso -mucho más bajo las luces de un estudio- y contrataron a un actor.

Así fue que Michu Meszaros se convirtió en ALF. Más precisamente en el doble de ALF. Era un húngaro que había hecho una carrera en un rubro hoy impensado pero muy usual durante décadas: el fenómeno de circo. En el Ringling Brothers and Barnum y Rigley Circus, el espectáculo circense más importante de ese tiempo, era presentado como El Hombre más Pequeño del Mundo. Meszaros medía 83 centímetros. Murió por problemas coronarios en el 2016. Tenía 76 años.

 El recurso del actor con disfraz se utilizaba sólo en circunstancias imprescindibles para la historia. Los fanáticos pueden descubrir entre la marioneta y el disfraz diferencias imperceptibles para el ojo no entrenado.

Pero el verdadero ALF era la marioneta. Al ser el protagonista de una sitcom no podía utilizar el recurso de aparecer siempre detrás de un escritorio de o cualquier otro mueble. Debía tener cierta movilidad y recorrer o al menos aparecer los diferentes sitios del hogar de los Tanner. Su manejo no era sencillo. Fusco con una de sus manos accionaba la boca y con la otra, el brazo izquierdo.

 Mientras tanto Lisa Buckley con pasado en Calle Sésamo era la que se ocupaba del brazo derecho y del torso. Un tercero manejaba remotamente los gestos de la cara y el movimiento de la cabeza.

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Max Wright, el Señor Tanner, era quien más interactuaba con él. En esos años gozó de fama y de reconocimiento pero a él no le alcanzaba. Deseaba destacarse más, un mayor protagonismo

La voz era tarea de Fusco. No hubiera aceptado que otro la hiciera. Él conocía las inflexiones y los tiempos de cada réplica. Acá habría que aclarar que, al contrario de lo que suele suceder, el doblaje en castellano era excelente y hasta mejoraba al personaje. La voz grave, con algo de ronquido en cada modulación, carga de humor a cada intervención.

 El perfeccionismo de Fusco tenía su contracara. Muchas de las sitcoms de los ochenta se grababan con público; así se evitaban las risas grabadas. ALF no permitía esa posibilidad. Sus creadores no querían que se perdiera la magia y que se viera de qué manera funcionaba el mecanismo. Además, el proceso de filmación era muy engorroso. Ningún espectador soportaría semejante tedio. Tanto es así que muchas veces ni siquiera los actores lo hacían.

La madre de los Tanner, la actriz Anne Scheeden contó que cada capítulo podía llevar 25 horas de rodaje para producir los 28 minutos que salían al aire. Esa dinámica de trabajo hacía que el clima en el estudio no fuera el mejor.

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Respecto al final de la serie no hay demasiadas precisiones. Lo cierto es que ante la baja del rating, los directivos no renovaron contrato.

Otra cosa que no contribuía al buen ánimo era que los humanos eran, sin duda, actores de reparto. El protagonista exclusivo era ALF. Como tal él tenía los one-liners, las mejores réplicas y monopolizaba las risas. Y en especial la devoción del público.

Los celos comenzaron a crecer. Max Wright, el Señor Tanner, era quien más interactuaba con él. En esos años gozó de fama y de reconocimiento pero a él no le alcanzaba. Deseaba destacarse más, un mayor protagonismo. Anne Scheeden, su compañera de elenco, contó que en una grabación ante la décima repetición de una escena por el funcionamiento defectuoso (o descoordinado) del muñeco, Wright arremetió contra este y lo golpeó repetidamente con furia. Naturalmente, no obtuvo respuesta del otro.

ALF, en realidad, no se llamaba así. Su nombre era Gordon Shumway. Ya se dijo que provenía de Melmac. Su denominación proviene de la Alien Life Form: que en español para que coincidiera -un problema de traducción irresoluble- se lo forzó a Amorfismo Lejano Fantástico. Estimaba que era el único sobreviviente de ese planeta aunque más adelante en la historia nos enteraremos que hay otros melmacianos rondando.

Él se siente muy joven. Tiene, sólo, 230 años; nació el 28 de octubre de 1756. Siempre está con hambre. La explicación fisiológica es sencilla: posee ocho estómagos como todos los seres de su planeta. Su alimento favorito son los gatos. Eso pone en constante peligro a otro integrante de la familia, a Suertudo, el gato de los Tanner. Ese juego de persecución es otro de los ingredientes cómicos de la serie. Pero en su afán devorador no hace distingos aunque después de los gatos prefiera la pizza.

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Respecto al final de la serie no hay demasiadas precisiones. Lo cierto es que ante la baja del rating, los directivos no renovaron contrato. Lo que no queda claro es cuando sucedió eso. Muy posiblemente, Fusco previó que eso podía ocurrir e intentó terminar la temporada con un gran gancho, generar interés en la continuación. Así dos agentes de las fuerzas estatales que estuvieron merodeando durante toda la serie se llevan a la criatura extraterrestre. Pero no hubo una quinta temporada. La otra posibilidad es que sí supiera que ese era el final y quiso que fuera tan amargo para él como para el público.

Max Wright al terminar la última escena tomó sus cosas y dejó el set sin saludar a nadie. Supiera o no que ese era el final, el hastío era imposible de ocultar. El resto de los actores que encarnaron a los Tanner en la serie encontraron en el final de ALF, el final de sus carreras. Esa ley no escrita de la televisión norteamericana que conoce pocas excepciones de las que muy pocos se pueden librar: el gran éxito en una serie, el reconocimiento en un papel, hace que luego les sea muy complicado conseguir otros roles. Y ALF, además, pareció en ellos imitar el efecto que ejerce una pelea demasiado dura en un boxeador. Llega al fin de ese combate pero todo lo que tenía lo dejó allí, fue tan agobiante, tan extrema la experiencia que luego sólo queda el retiro.

Anne Schedeen, la señora Tanner, pese a su trayectoria anterior actuó en muy pocos proyectos más y en papeles menores. Lyn Tanner era la joven actriz Andrea Elson. Durante el rodaje de la serie padeció bulimia pero nadie pareció darse cuenta. El show debía continuar. Ella suele afirmar que lo único bueno que sucedió en ALF fue que conoció a su futuro esposo, un joven que trabajaba en producción. Benji Gregory también se retiró de inmediato. Hoy ya un adulto queda poco en él de la simpatía del pequeño Brian Tanner. Cada tanto da una entrevista en la que recuerda con amargura esos años y la falta de oportunidades posteriores.

Wright, Willie Tanner, siguió trabajando y hasta coprotagonizó una serie por varios temporadas The Norm Show; también tuvo participación en las dos primeros años de Friends.

El final de su carrera llegó con un escándalo. El diario sensacionalista The National Enquirer publicó fotos, capturas de un video, en la que supuestamente se veía al actor fumando crack y besando a un hombre mientras otros dos tenían relaciones sexuales. Él desmintió ser el de las fotos y accionó contra la publicación. Las fotos dieron la vuelta al mundo y, sin importar, el dictamen de la justicia, la veracidad de las imágenes y la vida privada de Wright, su carrera se vio dañada seriamente. La muerte de su esposa en 2017 fue el golpe final. Después de unos años de fuerte depresión, murió a fines del año pasado.

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