No bebas el té: el veneno es un arma favorita en Rusia

Mundo 22 de agosto de 2020
los investigadores han concluido que el Kremlin ha recurrido a su arsenal de venenos como arma preferida
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Sin el menor presagio de que hubiera algún problema con su salud, Pyotr Verzilov, un activista de la oposición rusa, se enfermó de gravedad de repente hace dos años y entró en coma, un problema común para los oponentes del Kremlin. Verzilov, quien es conocido por montar espectáculos de arte performativo en contra del gobierno, mostró los mismos síntomas misteriosos que presentó el jueves Alexei Navalny, el político opositor más prominente de Rusia, cuando estaba en un vuelo hacia Moscú.

“Estuve exactamente en la misma condición”, dijo Verzilov en una entrevista el jueves con Rain TV, una estación de televisión rusa independiente, sobre el mes que estuvo enfermo en 2018.

A Verzilov lo mantuvieron vivo con un ventilador y luego fue trasladado a Alemania para recibir tratamiento. Aunque los médicos no encontraron rastros de veneno, aseguró estar convencido de que esa había sido la causa y de que el Kremlin era responsable.

 
 
El veneno, más asociado a las intrigas medievales, ha sido una herramienta favorita de las agencias de inteligencia rusas durante más de un siglo, y los críticos del Kremlin y los analistas independientes dicen que el uso de esa arma sigue vigente en la actualidad. Pese a que otros países, incluidos Estados Unidos e Israel, tienen programas de asesinatos selectivos, estos se limitan estrictamente a combatir el terrorismo. Rusia, por el contrario, ha sido acusada de apuntar hacia una amplia variedad de oponentes tanto en casa como en el extranjero.

La Unión Soviética operaba un laboratorio secreto para investigar venenos sin sabor e imposibles de rastrear que fueron probados en prisioneros condenados en el Gulag, el sistema penal de campos de trabajos forzados, según dijeron desertores del servicio de seguridad.

Después de una serie de asesinatos e intentos de asesinato de disidentes, periodistas, desertores y líderes de la oposición, tanto en Rusia como en el extranjero, durante las últimas dos décadas, los investigadores han concluido que el gobierno postsoviético ha recurrido a su arsenal de venenos como arma preferida.

 
Entre las sustancias que se han identificado o que se sospecha que causaron las intoxicaciones atribuidas al gobierno ruso, están el polonio-210 radiactivo; los metales pesados; el gelsemium, una rara toxina vegetal del Himalaya, y el Novichok, un agente nervioso militar que es letal al tacto.

Agregarle veneno a una comida o a una taza de té —la última sustancia que se dice que Navalny consumió en un café del aeropuerto antes de enfermarse— es simple y no requiere entrenamiento especial, dijo Gennadi V. Gudkov, exmiembro de la oposición en el Parlamento y coronel retirado de la KGB, en una entrevista telefónica el jueves.

 “Es fácil, y también es fácil cubrir tus huellas”, afirmó. “Cualquier persona puede usar veneno”. Los venenos pueden usarse para matar o incapacitar a una persona con una enfermedad prolongada y desagradable, comentó Gudkov.

Por ejemplo, Viktor A. Yushchenko, el ex presidente de Ucrania que se mostraba a favor de Occidente, quedó con el rostro muy dañado después de una intoxicación con dioxina, un contaminante industrial que muy probablemente le pusieron en un plato de cangrejos de río hervidos. Yushchenko atribuye el envenenamiento a los agentes rusos.

Tass, la agencia de noticias estatal, citó a una fuente policial no identificada que afirma que las autoridades todavía no están considerando la posibilidad de que haya sido un envenenamiento deliberado. El médico personal de Navalny, Yaroslav Ashikhmin, mencionó que no ha visto a Navalny desde que comenzó su enfermedad, por lo que no puede decir si se trata de un envenenamiento. Sin embargo, agregó que “así lo parece”.

 
Si Navalny fue envenenado antes o durante su vuelo, no sería la primera vez que una figura de la oposición es objeto de un ataque mientras está en el ambiente controlado de un avión comercial en Rusia.

En 2015, el activista opositor Vladimir Kara-Murza cayó en coma durante una semana en Moscú. Más tarde dijo que creía haber ingerido un veneno durante el servicio de comidas de un vuelo de Aeroflot. Sus síntomas incluyeron hinchazón en el cerebro e insuficiencia renal. Su esposa, Yevgenia, recordó que sus brazos y piernas adquirieron un tono azul, una reacción alarmante, casi caricaturesca, al veneno.

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Kara-Murza dijo que en 2017 sobrevivió a otro envenenamiento mientras viajaba dentro de Rusia para mostrar un documental sobre otro político ruso, Boris Y. Nemtsov, quien en 2015 fue asesinado a tiros en un puente en Moscú.

En 2004, la periodista opositora Anna Politkovskaya también fue envenenada en un vuelo nacional operado por Karat, otra aerolínea. En ese entonces denunció que había bebido una taza de té envenenada y, aunque sobrevivió, dos años después fue asesinada a tiros en el ascensor de su apartamento.

También se han usado toxinas letales al tacto. El terrorista de origen árabe Ibn al-Khattab murió en 2002 en su escondite montañoso de Chechenia tras abrir una carta impregnada con un agente nervioso.

Asimismo, es posible que algunas toxinas hayan sido extraídas de los arsenales gubernamentales y que hayan sido utilizadas en las guerras del crimen organizado en Rusia a principios del periodo postsoviético. Por ejemplo, el banquero ruso Ivan K. Kivelidi murió en 1995 después de entrar en contacto con un veneno mortal al tacto. La causa de su deceso habría permanecido como un misterio si su secretaria no hubiera fallecido también tras presentar los mismos síntomas. Al parecer, el veneno fue esparcido en un teléfono de su oficina.

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