Alerta por potente tormenta solar que podría afectar nuestras telecomunicaciones

Mundo 20 de julio de 2022
El Sol tuvo el 15 de julio una eyección solar, también conocida como tormenta o viento, que llegará a la Tierra el día 21 y los científicos ya ponen la mirada allí.
tormenta solar
Tormenta Solar

El pasado 11 de julio, una de las regiones de la atmósfera solar llamó la atención de los científicos debido a un repentino incremento de su brillo en ultravioleta y rayos X. Los siguientes en notarlo fueron radioaficionados, al ver sus comunicaciones interrumpidas por un lapso de tiempo.

El evento que se produjo se llama: fulguración solar. Es decir, una súbita emisión de radiación electromagnética y partículas energéticas localizada en una pequeña región de la atmósfera solar. El mismo campo magnético que generó tal fulguración se retuerce bajo la superficie del Sol, arrastrando enormes cantidades de plasma solar fuera de la misma y, como si de un cañón se tratase, lanzándolas a gran velocidad hacia el espacio. Hablamos entonces de una eyección de masa coronal. A diferencia de la radiación proveniente de una fulguración (que alcanza la Tierra a la velocidad de la luz, alrededor de 8 minutos), las eyecciones de masa coronal las componen partículas cargadas moviéndose a cierta velocidad. Esto implica que pueden tardar entre unas horas a varios días en llegar a la órbita terrestre.

El pasado 15 de julio, una de ellas fue acompañada de una espectacular eyección. Eso sí, con una particularidad: esta vez, se dirige hacia nuestro planeta. Y esperamos ser alcanzados por ella el próximo 21 de julio.

¿Hay antecedentes de este acontecimiento en la Tierra?

No es la primera que sucede algo así afectado nuestro planeta. Este fenómeno de naturaleza principalmente magnética tiene su ocurrencia que no es fortuita: cada 11 años aproximadamente, nuestro Sol experimenta unos períodos de alta actividad magnética (denominados máximos solares).

Durante estos máximos, la frecuencia de estos eventos es especialmente alta. Y ahora mismo estamos entrando en el máximo del actual ciclo, cuyo pico de actividad se espera alcanzar a lo largo del año 2024.

Los efectos con alcance más global se dan cuando esta interactúa con la llamada magnetósfera terrestre: una suerte de burbuja protectora que envuelve la Tierra, en la que la intensidad del campo magnético terrestre es capaz de desviar las partículas cargadas liberadas por el Sol (el viento solar). Esto permite –entre otras cosas que la Tierra conserve su atmósfera.

Al contacto con una eyección, la magnetosfera se comprime e interacciona con ella, modificando su estructura. Las rápidas variaciones del campo magnético terrestre producen corrientes eléctricas inducidas allá donde existen cargas eléctricas libres (como la ionosfera, una de las capas de nuestra atmósfera). Esto genera a su vez campos magnéticos más complejos que se suman al propio campo magnético terrestre.

¿Habrá cortes de luz y problemas en las comunicaciones?

Existe un alerta publicado por los distintos servicios de observación y predicción del clima espacial (como el del NOAA, Space Weather o SOHO) es G1. Este nivel de alerta corresponde a tormentas geomagnéticas menores, con posibles pequeñas fluctuaciones en la red eléctrica e impacto reducido en las operaciones satelitales. 

En septiembre de 1859, una tormenta geomagnética causada por una eyección de masa coronal provocó el fallo de las redes telegráficas de Europa y Norteamérica. Las corrientes eléctricas inducidas en los cables alcanzaron una intensidad tal que llegaron a provocar incendios en los receptores. Se dieron incluso casos de electrocución por parte de operadores telegráficos. Se le denominó evento Carrington, por el astrónomo que observó la fulguración, Richard Carrington. Por aquel entonces nos salvó nuestra limitada dependencia de los sistemas electrónicos.

Hoy en día no tendríamos tanta suerte: nuestra sociedad hipertecnificada mantiene una fe ciega en la resiliencia de las redes de comunicación de las que dependen nuestros teléfonos móviles y ordenadores, algo que no se podría asegurar en un evento de tal magnitud.

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