La historia de pobreza de Maia: su vida en la calle, sus juegos con el secuestrador y la carpa que compartía con su mamá

Sociedad 19 de marzo de 2021
El caso de la menor secuestrada que se convirtió en una historia nacional revela una situación grave de vulnerabilidad a la vera de la autopista Dellepiane.
casa de Maia

Maia Yael Beloso no va a volver a casa porque no tiene casa. Vive en la calle. Duerme en la calle. Cuando los días son normales, descansa sobre un colchón de goma espuma dentro de una carpa junto con su mamá, Estela, respaldada por dos árboles bajos y delimitada por un perímetro constituido por una reja, la tela de un cartel, la lona de una pileta, un cobertor de nylon y dos acolchados -uno de rosas y otro de perros dálmatas-. El peso de dos tablas de maderas mantiene estirados los elementos que componen las paredes.

La carpa ahora tiene techo. El techo es la continuidad de la pared que se sostiene en una reja que divide el trazado de la autopista Dellepiane con el territorio del barrio, la villa Cildañez de Parque Avelllaneda. El techo es la tela gruesa de una publicidad estática recuperada de un baldío. Los acolchados, la lona vinílica de pelopincho y las otras “paredes” son también fruto del cirujeo. Antes, como lo simula un rancho aún más precario ubicado a 20 metros, la choza era un cuadrado de telas dispuestas sobre la periferia. Carlos Savanz, el secuestrador de Maia, lo reforzó: trajo maderas gruesas y largas, las ató a las paredes y las ubicó sobre los árboles y en el suelo.

Savanz consiguió también una mesa de madera, donde ahora descansa un papel higiénico, un recipiente de lata y alimentos no perecederos. Sobre la reja cuelgan un paraguas, prendas íntimas, una caja con un mate, una bombilla, yerba, azúcar, bolsas, botellas, paquetes de galletitas, un abrelatas, una toalla. Distribuida por la tierra del terraplén de la autopista crece un monte de ropa, pelotas desinfladas, un cuaderno, envoltorios aleatorios. Dentro de la carpa, subsiste más basura aparente: un encendedor, botines de fútbol, el esqueleto de una silla, cartas, juegos, juguete sin pilas, ojotas, útiles, un chupete.

La carpa está deshabitada hace tres días. Los vientos y las lluvias rompieron las paredes, que ahora no consiguen esconder el interior de la choza. Lo que hay no disimula basura y acumulación. No parecen ser los bienes, el patrimonio y los recursos de una familia. Maia nació y se crio ahí: en la casilla de la esquina de la manzana cinco de la villa Cildañez, a metros de la intersección de las avenidas Dellepiane Norte y Escalada. La zona es donde coquetean Parque Avellaneda, Villa Soldati y Villa Lugano, el sur degradado de la Ciudad de Buenos Aires.

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